Construida en 1966
Miguel Fisac dejú un legado formado por mediáticas joyas desaparecidas, como la Pagoda -derribada en 1999-, y tesoros desconocidos, como Santa Ana y la Esperanza, una pequeña parroquia popular
en el barrio de Moratalaz.
La proyectó en 1965, en homenaje a su hija Anaick, que murió con seis años por una partida de vacunas de polio en mal estado. Junto al sagrario, la escultura de una niña sujeta una vela en su honor, pero en toda la iglesia se nota una atmósfera de cariño y una sobriedad como de cueva paleocristiana.
"Fisac tenía una religiosidad rotunda y sencilla", explica Fernando Sánchez Mora, que colaboró con el maestro en sus últimos años.
"Y a algunos, lo austero les parece pobre...", dice, señalando los actuales toques decorativos que rompen las poéticas líneas de la obra original: pósters de "Dios te ama" o "Pescador de hombres" pegados sobre el hormigón visto, una máquina de velitas eléctricas o un infantil dibujo del niño Jesús sobre el sobrio altar. A las ventanas les han salido unas feas rejas, un cartel de colores rompe la visión de la fachada, y lo peor: las vidrieras de Fisac, formadas por abstractas escamas azules, han sido sustituidas por otras más convencionales en las que un obispo saluda o una paloma baja del cielo. Según su hija Taciana, Fisac dejó de ir a esta iglesia, donde hicieron la comunión sus niños, porque le horrorizaban este tipo de pegotes.