Madrid es la segunda capital del Mundo más ruidosa, indican estudios internacionales. Y su ayuntamiento, en un curioso ejercicio de sonambulismo, sigue programando conciertos en las plazas de Madrid. Éste ha sido el caso (uno más) del concierto del 11-12 de septiembre en la llamada "isla en la ciudad" en la Plaza de la Cebada. ¿Es necesario que explicitemos una vez más las consecuencias para los vecinos que deben o desean descansar?
Una "isla en la ciudad" evoca la excepcionalidad, la singularidad; y estoy seguro de que otras actividades son fiel reflejo de estas cualidades; la participación comunitaria en su desarrollo y la recuperación simbólica de la piscina (y del único polideportivo de esta zona) son sugerentes y me parecen dignas de apoyo y elogio. Pero me gustaría compartir con ustedes una idea probablemente absurda: hay pocas imágenes más alejadas de la "isla en la ciudad" que un concierto en espacio abierto hasta las 2:30 de la mañana en el propio centro de Madrid y para todo el centro de Madrid (lo digo porque podía oírse desde muy lejos de su foco); pocas actividades son más reiterativas, más obvias, más cotidianas, menos isleñas.
Y todo ello después de que, en un gesto honorable, el mismo ayuntamiento suspendiera (por protestas vecinales) los conciertos de este verano en la misma localización.