Basada en El cántaro roto, farsa costumbrista del dramaturgo alemán Heinrich von Kleist en la que se fustiga la corrupción de la justicia de su tiempo, esta versión pretende extender la sátira hacia nuestro propio y peculiar sistema judicial, cuyo funcionamiento, en ocasiones, recuerda inquietantemente al trazado por el escritor alemán; aunque eso sí, revestido de valores, conductas y procedimientos de inequívoca denominación de origen.
Imaginemos que, como colofón de un solemne acto institucional, los magistrados del Consejo General del Poder Judicial deciden llevar a cabo la representación de este clásico de la comedia. ¿Qué podría suceder? ¿Serían capaces de aunar sus distintas sensibilidades para llevar a buen término esta iniciativa escénica? ¿Sentirían grandes diferencias en el ejercicio de su nueva función de titiriteros con respecto a la que habitualmente desempeñan en las salas de los juzgados o en los medios de comunicación? ¿Serían capaces de ponerse en el lugar de otros personajes distintos a ellos mismos? ¿Soportarían ser juzgados por un incierto jurado popular sentado en las confortables butacas de un teatro? ¿Se procesarían los unos a los otros? ¿Los jueces tienen sentido del humor?